Delante mía. Por fin, lo tenía ante mis narices. Su esbelta silueta me producía continuados escalofríos que recorrían todo mi cuerpo. Todavía no me creía que estaba delante de aquella espectral máquina. Su color rojo me incitaba a abalanzarme sobre su aerodinámica carrocería esculpida en uno de los mejores túneles de viento existentes y acariciarla como a un animal, sentirla entre las yemas de mis dedos. Mi vista recorrió toda su línea. Todavía seguía incrédulo. Cuando me acomodé en su interior, respiraba deportividad por los cuatro costados. El motor comenzó a rugir; nunca había oído algo similar. Notaba como al acelerarlo los turbos soplaban tras mi cabeza. Echando una vista hacia atrás vi como el motor me pedía a gritos que saliera catapultado y me comiera el asfalto del circuito. La gran comodidad del bacquet me hacía sentir como si estuviera en mi casa, sentado en el sofá y la Play a toda caña.
Un giro, otro giro, en las rectas mi cuerpo llegaba a fusionarse con el asiento debido a la brutalidad de su aceleración. Cómo giraba el Enzo. Se notaba que ciertos elementos del coche provenían de la Fórmula 1. Estaba muy excitado, no cabía en mí del gozo que tenía.

1 comentarios:
me gusta tu forma de teclear...agradezco tu comentario en mi blog...pero mi nombre no es Sara...sino Soledad
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